Veritas vos liberabit

lunes, noviembre 07, 2016



La sinceridad constituye el respeto por la verdad. Lo que se dice y se hace conforme a lo que uno piensa y siente. Sin embargo, ser sincero hoy en día no es fácil.

Ser sincero implica luchar contra un entorno en el que nos encontramos con mentiras, medias verdades, justificaciones y excusas, críticas entre “amigos”, cotilleos, murmuraciones, promesas incumplidas y hasta en ocasiones realizamos juicios bastante duros hacia personas de nuestro entorno. Lo duro  es que, a veces, hacemos esto ya de forma inconsciente, nos hemos habituado a ello sin saber el alcance real que esto tiene.

¿Por qué no somos sinceros?

Solemos justificar esta falta de sinceridad con mil excusas,  “porque no quiero hacerle daño”, “porque se va a enfadar conmigo”, “porque ahora estamos muy bien y no quiero fastidiarlo”…

¿Pero por qué mentimos en realidad?

Solemos mentir básicamente por cobardía, por miedo a perder a alguien, a enfrentarnos a situaciones, a no ser aceptados tal y como somos, o simplemente construir o maquillar un falso “perfil” de persona que no somos en realidad.

Sin embargo, somos conscientes de que  la sinceridad es una de las virtudes que buscamos en las relaciones, ya sean de amistad, de pareja o con nuestros hijos. Es curioso pero la mayoría de nosotros se siente muy decepcionado cuando alguien a quien queremos o apreciamos nos miente,  las consecuencias de la falta de sinceridad pueden ser muy dañinas, la pérdida de confianza suele ser irreparable. Por tanto, merece la pena esa búsqueda de la verdad.

Debemos hacer un uso responsable de la sinceridad.
La sinceridad es decir lo que uno siente, lo que piensa, lo que hace, lo que ve, pero con un mensaje adecuado a la persona oportuna y en el momento preciso, y debemos aprender a utilizarla.

A veces confundimos la sinceridad con la espontaneidad, con decir todo lo que nos pasa por la cabeza sin medir cómo es el mensaje o el destinatario y sin considerar si es oportuno o no decirlo. En otras ocasiones lo confundimos con hablar con todo el mundo sobre nuestra intimidad en un afán de captar la atención. Y si es el otro el que nos pregunta sobre esa intimidad es legítimo guardar silencio sin que eso suponga no ser sincero. 
Otras veces la utilizamos de manera destructiva comunicando desde el enfado o la rabia. Debemos utilizarla para construir en la relación no para destruir, y esto se puede aprender desde niño.

Los Niños suelen mentir, principalmente, para llamar la atención de su entorno, y según van creciendo también para suplir una cierta inseguridad y baja autoestima y dar una imagen ante sus amigos o compañeros. Pero también por imitación de los padres.

Podemos observarles y ayudarles a trabar esta virtud. Cuando somos padres tenemos en nuestro interior el deseo y la fuerza de mejorar como personas porque sabemos que el ejemplo es fundamental en su educación.

Somos un espejo en el que ellos se ven reflejados por lo que el primer paso para que ellos sean honestos y sinceros es que vean que nosotros lo somos.

Aunque sin duda alguna, el verdadero concepto de SINCERIDAD se basa en empezar por ser sinceros con nosotros mismos.



"La verdad os hará libres (Veritas vos liberabit)" (Jn 8,32)

Alicia Goicolea / Aurora Moya
Expertas en Coaching Familiar

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